30 de diciembre de 2018

Quédatelo, 2018

Hay cosas con las que no quiero cargar más el siguiente año, unas porque han estado ahí demasiado tiempo y estoy cansada, otras porque me estorban, porque duelen, porque no dejan nada bueno. 
Pretendo dejarlas en este ciclo porque ya me enseñaron lo que tenían para dar, porque me hirieron grandemente, porque me empujaron a crecer... pero nada más. 

Hoy dejo atrás el culparme por las cosas que no puedo arreglar por estar fuera de mi alcance, hoy suelto al miedo irracional, al odio a mi apariencia, al no darme el valor que merezco... que sé que merezco. 

Hoy dejo aquí las lágrimas que le lloré a las personas que no valían la pena, suelto cada uno de los "Perdón" que mis labios jamás debieron pronunciar, porque no, no era mi culpa. 
Se quedan también los falsos amigos, las traiciones, el arrepentimiento, los "hubiera".

Quédate, 2018 con los pensamientos negativos que tuve sobre mi misma, con todas las dudas, con los golpes a mi cuerpo, con las heridas que me hice conscientemente porque ya no quiero lastimarme más, así que quédate también con las veces que comí a escondidas, con las veces que vomité y lloré después. Te dejo los pretextos, las mentiras, el auto sabotaje, porque ya aprendí que ni el miedo y mucho menos la pereza son razones suficientes o válidas para no hacerlo.

Abandono aquí y ahora los lugares que no me hacen feliz, me voy y que no me siga la manía de hacer cosas que me ponen triste, me lastiman o me atan para no crecer. 

Voy a soltar la costumbre de hacerme pedazos para completar a otros, de no tener tiempo para mi, de callar cuando tengo cosas para decir. De esconderme. De avergonzarme de mi. 

Dejo el confundir resignación con tolerancia, suelto el conformismo y la culpa de lastimar a otros sin intención de hacerlo. 

Voy a olvidarme de la idea de no ser suficiente, de que merezco poco, de que no tengo derecho a algo y me perdono por si quiera pensarlo alguna vez. 

Y así, libre, tengo espacio para las cosas que están por llegar. 

23 de noviembre de 2018

A veces, ocasionalmente, de vez en cuando.

A veces escucho la lista de reproducción que hice con las canciones que me regalaste, tiene algunas que te dediqué y otras que te canté en secreto; lo hago para encontrarte justo cuando más te extraño, cuando más me haces falta, lo hago como compensación de no poder ir corriendo a tus brazos. Una habla de ti, otra de mi, otra de nosotras siendo valientes, en otra me besas, en otra sonrío, otra más fue la primera, la otra, es la última. 

Ocasionalmente me dan ganas de regresar a nuestros lugares felices, pero no lo hago porque no estoy lista. Aún se escuchan nuestras risas, nuestros gritos, nuestros pasos, aún flota en el aire tu perfume, a veces parece que estás sentada en el mismo lugar en donde me dijiste  "te quiero", el mismo donde me diste uno, dos, tres besos desde la frente y hasta la nariz. No vuelvo a ellos porque me dan ganas de llorar de felicidad, de tristeza, de amor. 

De vez en cuando me gusta recordar nuestra historia desde el momento en que nos conocimos, nada es coincidencia ¿verdad? tenía que ser justo en la forma en la que fue. Volvería a hacer cada parte de la misma manera si el camino me condujera a ti de nuevo.

Nos prometimos tantas cosas y nos hizo falta tiempo, oportunidades. 
Nos faltaron lugares, momentos, sonrisas, canciones, fotos, gritos. Nos faltaron más besos en la nariz, en la boca, en todos lados. Nos hicieron falta abrazos, silencios tomadas de la mano, miradas, carcajadas. Nos faltó decirnos que nos queríamos más veces, nos faltó demostrarlo más seguido. Nos faltaron viajes en el metro, caminar juntas. Nos faltaron comidas por probar, nos faltó jugar a otras cosas.

Me faltó conocer a tu madre, tu universidad, a tus amigas, a tus perros, comer con tu abuelita, ver la lista de películas que me diste (y que probablemente no voy a ver), Me faltó verte dormir, me faltó besar tus ojitos, abrazarte en tu cama, regar tus plantas, regalarte una flor. Me faltó cantarte, recitarte mi poema favorito, confesarte algunas cosas, ver las nubes a tu lado, tomarnos una cerveza, bailar contigo en mi pecho. Me faltó presentarte a mi familia, tenerte en mi proyecto escolar, salir de fiesta juntas... me faltó tanto, nos faltó tanto, ¿Te faltó algo a ti?

A veces, cuando te extraño, escribo al azar después de ver nuestras fotos. Tengo tantas preguntas pero estoy segura de que no es tiempo de respuestas. 

Ocasionalmente, cuando te extraño, lloro un poquito, mientras sonrío, mientras me enojo. Me da  por querer decirte mil cosas pero no te llamo.

De vez en cuando, cuando nos extraño, me limito a pensarte sonriendo. Tus hoyuelos me aseguran que estás y vas a estar bien. 


4 de noviembre de 2018

Frío

Cuatro horas con cuarenta y tres minutos de la madrugada: los pies entumidos, las piernas no obedecen y el pulso es lento. Sollozos ahogados. 

Odio quedar paralizada, nunca sé cómo salir corriendo de lo que me está lastimando. Y no, no me hago la fuerte, es miedo. 

Es frío. 

Dos minutos, tres suspiros y cuatro movimientos bruscos después ya estoy hecha ovillo en la escalera. La piedra helada cala justo en los huesos y tiemblo pero no es de frío. Me siento enojada, desorientada y me duele el pecho, tardo unos segundos más en darme cuenta de que respiro muy fuerte, "Silencio" susurro para mis adentros. Me levantó y tomo los viejos audífonos, gracias al cielo los he traído. 
Abro la misma lista, busco las mismas tres canciones y subo el volumen: "Concéntrate", me suplico. 

Pero el dolor se siente y se ve de muchas maneras:
Es una patada en la espinilla.
Es que te atropellen quinientas veces seguidas. 
Es llorar ridículamente en las escaleras de una casa ajena. Sola. 
Es temblar y que no sea de frío. 
Es callar. 
Es no reclamar porque no hay nada que reclamar.
Es gritos silenciosos. 
Es temblar de miedo y no poder volver a casa.
Es sueño, mucho sueño. Bostezos entre lágrimas. 
Es sueño pero también pesadilla. 
Es un olor dulce mezclado con notas amargas. 
Temblar mucho. Quizá sí es frió. 
Es despeinarse.
Es un atracón después de tres semanas de no probar alimentos fuera de horario. 
Es sentir el alcohol en la garganta y no arrepentirse, pero querer hacerlo.
Querer hacerlo.
Es vació. Es hueco. 
Es desesperación.
Lágrimas aleatorias, son punzadas en la boca del estómago.

Es frío. 

Quiero un abrazo y llorar sobre un hombro. Quiero que la herida cierre, o como mínimo, que deje de arder, pero hay fuego en mi pecho y no hago más alimentarlo, las lágrimas son apenas briza sobre un forestal. 

Comienza a clarear, seis horas con doce minutos. Qué ironía, ha amanecido nublado, helado y lloviendo, el cielo también debe estar triste. "¿Te duele?" suelto al viento y me responde con escalofríos. 
Canta un ave, pero nadie le responde. 

Los pensamientos se enciman uno sobre otro en mi cabeza, todos quieren hablar al mismo tiempo pero logro hacer que lo hagan uno a la vez. Recuerdo cada parte, desde el inicio, que evidentemente no fue hoy. "No olvides ni un detalle, recuérdalo tal cuál fue" me obligo a  tener la realidad clara aun cuando he perdido la noción del tiempo. 
Las mentiras inundan, las promesas nadan para no ahogarse y la esperanza no sabe si lanzarse a por ellas aunque tampoco sabe nadar. 

Seis horas con treinta y ocho minutos, ya no tiemblo, mi respiración es constante y pausada, mi cabeza va a explotar. Me levanto, recojo cada uno de mis pedazos para pegarlos luego, y aunque los cuento con cuidado, casi estoy segura de que he perdido uno. 
Me levanto y mis piernas por fin responden, no he vuelto en mi, pero al menos camino. 
"Vas a estar bien" me lo digo para darme ánimos pero me lo exijo al mismo tiempo. "Sabes cómo volver, has estado aquí antes".

27 de julio de 2018

Hogar

Voy a despertar cada domingo en la mañana más temprano que tú, voy a levantarme de puntitas y a taparte la espalda porque te habrás movido toda la noche. 

Caminaré hasta la cocina y prepararé los hotcakes que te fascinan, después de regar las plantas que claramente olvidaste regar ayer.

Te serviré un vaso de jugo o una infusión de frutas, mientras te imagino reclamando porque en mi lugar sí hay una taza de café, pero ni creas que he olvidado que te han recomendado no beberlo.

Pondré en un plato fruta que habré picado una noche antes, mientras te quejabas de que no había nada en la televisión aunque hayas terminado por ver una de esas películas de romance adolescente americano solamente para reírte de lo mala que es. 

Verteré la mezcla en la sartén, comenzará a desprenderse un olor dulce y te despertarás sin sorprenderte de no verme a tu lado porque el aroma te habrá dado mi ubicación.

Te acercarás despacio y con los ojos sin abrir, el cabello enmarañado y con una voz inaudible me darás los buenos días, haré una broma sobre la noche anterior y vas a reírte sin fuerza, pero con ganas.

Preguntarás, aun sabiendo la respuesta, "¿Qué hay de desayunar?" mientras con un tenedor, que habrás sacado del segundo cajón, probarás el pan a medio cocer directo del fuego, quemándote los labios. 

Voy a reírme de la maldición que saldrá de tu boca y preguntaré si están quedando ricos, me dirás que sí con la cabeza y maldecirás de nuevo por la taza de café justo mientras pongo en tu plato el primer hotcake, dejarás de reclamar y pondrás la mermelada al centro de la mesa, fresas al balsámico con pétalos de rosa. 

Comenzarás a hablar de tu trabajo y voy a preguntarte por el proyecto, por tu investigación, si han arreglado tu computadora  y si aquel chico te sigue llevando dulces por la mañana, soltarás una carcajada, me dirás que sí sólo por fastidiar.

Miraremos el reloj, habremos fallado un domingo más en estar listas antes de las doce, voy a culparte y te diré que te toca lavar los platos, me harás un gesto y terminaré de convencerte diciendo que si no lo haces, entonces lavarás la ropa. Aceptarás recogiendo mi plato y pidiéndome que te lleve todo al fregadero.

Pondrás música y harás ese paso tonto que repetimos desde siempre en los conciertos, en las fiestas, en la calle, en tu cuarto y haciéndolo abrirás el grifo, mientras cantas limpiarás las tazas y yo no habré podido levantarme de la silla porque no podré quitar los ojos de ti.

Después de un rato estaré midiendo el jabón y vaciando el suavizante y desde la cocina gritarás que es demasiado tarde para salir y hacer algo.  Me arrastrarás hasta el sofá  y haciéndonos bolita me pedirás que ordenémos pizza, "ya cocinas todos los días, vas a descomponer el horno" y accederé a cambio de que me muestres una de esas buenas películas que no habré visto pero que podrían gustarme. 

Terminarán siendo tres o cuatro, y entre peperoni, helado y una botella de vino nos caerá la noche, nos moveremos hasta la recámara y abrazándonos fuerte y hablando bajito, caeremos dormidas, esperando que el siguiente domingo llegue aunque toda la semana, desde que compartamos piso,  se sienta como hogar. 


Foto de my.ktchn en IG

26 de febrero de 2018

Astromelias

La primera vez que me regalaron flores era un ramo pequeño, sencillo, de tallos verdes con flores abiertas blancas con lineas delgadas en diferentes rosas.

La primera vez que me regalaron flores era un ramo atado con ligas que gritaba "recordé cuáles son tus preferidas." 

La primera vez que me regalaron flores fueron a buscarme hasta donde estaba, aunque eso implicó atravesar la ciudad en transporte publico sin destrozar los frágiles botones recién florecidos.  

La primera vez que me regalaron flores me obsequiaron también un abrazo, besos, tiempo, atención, amor, miradas, sonrisas, pasos con las manos entrelazadas.

La primera vez que me regalaron flores fue un catorce de febrero. Cliché. Sabe que amo los clichés.

La primera vez que me regalaron flores no podía creer que alguien se hubiera tomado la molestia de hacerme feliz con detalles.

La primera vez que me regalaron flores entendí un poco más por qué las cosas hasta ese momento habían sucedido de determinada manera. Me sentí en el momento y lugar correctos. Curiosamente miraba sus ojos. 

La primera vez que me regalaron flores sentí a mi corazón bailar, me temblaban las piernas y no podía dejar de sonreír. Puedo jurar que así se siente la libertad. 

La primera vez que me regalaron flores alguien nos dijo que nos veíamos bonitas juntas y que desprendíamos una energía positiva. Nos dijeron también que no nos rindiéramos. que nos siguiéramos queriendo. 

La primera vez que me regalaron flores quería que el día durará para siempre, para tener más tiempo de mirarla. 


La primera vez que me regalaron flores, curiosamente, me las regaló una flor. 

31 de diciembre de 2017

Gracias por tanto 2017

Todos los años desde hace un tiempo me encuentro en estas épocas frente a la computadora recordando, entre nostalgia, alegría y una que otra lágrima, todo lo acontecido los 365 días anteriores; cada año se siente distinto y aunque cada vez escribo que ha sido un año mejor que el anterior, creo que de verdad el 2017 marcó la diferencia. 

Este año salí de la preparatoria, terminé contenta y rodeada de personas a las que amo y admiró, una de las etapas más importantes -personal y academicamente- y divertidas de mi vida. Fue un recorrido de tres años en los que encontré a mis mejores amigos y el sentido de muchas partes de mi existencia, un camino lleno de todo que me hizo mejor persona, me realizó y me dejó anotar un objetivo más a la lista de los cumplidos.
Después de eso entré a la universidad. Estudiar gastronomía significa muchas cosas para mí, entre ellas un sueño hecho realidad, no me arrepiento en lo absoluto y aunque de repente se pone difícil estoy dando todo lo mejor de mi para seguir estudiando lo que verdaderamente amo y me apasiona. Una vez un amigo me dijo que existía un sentimiento especial al estudiar lo que te encanta y que no hay nada parecido ni tan magnifico como eso. Tenía razón. La sensación de estar en clase y querer saberlo todo y más porque verdaderamente te interesa es asombrosa, viene acompañada de desvelos que no pesan, de tarea que se disfruta, de cansancio que vale la pena, de frustraciones convertidas en motivación, de felicidad.
He conocido personas maravillosas llenas de talento y sueños en la universidad, me inspiran a ser mejor, a no rendirme, me motivan y hacen que los días sean un poquito mejor.
Cuando tengas un sueño, síguelo, no dejes que nadie -incluyéndote a ti mismx- te diga que no puedes o que es demasiado difícil, si para ti vale la pena, con eso es suficiente. 

El 2017 me permitió aceptarme completa y en todos los sentidos. Así, sin más. No fue nada fácil, pero al final creo que verdaderamente me lo merezco.
Hay muchas cosas importantes en el hecho de mirarme al espejo y sentir cosas positivas sobre la persona que encuentro en el reflejo, en no culparla, en perdonarle sus errores para aprender de ellos, en no lastimarla, en motivarla, en felicitarla, en quererla verdaderamente y con el corazón. Y es que me la había pasado toda mi vida buscando amor en todas partes y yo no me lo estaba dando. Este año me escuché, reconocí mis fortalezas y mis debilidades y eso me hizo poderosa sobre mi y para el mundo. Sí, hubo momentos verdaderamente obscuros, desesperantes, dolorosos, pero justo ahí estaban las personas que me aman para recordarme que podía hacerlo y que debía salir de ahí, porque valgo la pena.
Y así, paso a paso lo voy logrando, cada día amo mis caderas grandes, mi barriga, mis cachetes con todo y los granitos, mis uñas cortas, mi cabello necio, mis piernas chuecas, mi voz chillona, mis colmillos fuera de lugar, mi nariz de bola y todo eso que me forma a simple vista, porque pueden pensar lo que quieran, pero soy fabulosa. 

También aprendí a amar a mi corazón, hablé seriamente conmigo misma y me dije que no podía seguir permitiendo que cualquiera pasara y se aprovechara de él, no me lo merezco. Me dije también que debía permitirme amar a quien yo quisiera, que está bien enamorarse de la manera en que lo hago siempre y cuando recordara amarme a mi también. Me recordé que el amor tiene la forma que uno decide darle y que hay que ser muy valiente para amar, me advertí que no debía volver a arrepentirme y que debía luchar por lo que sentía.  

Este año fui por primera vez a la marcha del orgullo LGBTQ+ y solamente puedo decir que fue importante y majestuoso. Hay un antes y un después en mi persona después de ese día: aceptación, pues existo y soy lo que soy sin la validación de nadie, me quiero, me respeto y me siento orgullosa. 

Este año me divertí mucho, fui a muchos conciertos pero voy a rescatar dos de ellos. Primero, Ed Sheeran. Esperé por años ver a Ed en vivo, es realmente talentoso y su espectáculo es increíble, lleno de emociones intensas, poder verlo junto con el skuad lo hizo muchísimo mejor. Ed fue importante porque me ayudó a cerrar un ciclo importante en mi vida, había promesas en cada canción y cantarlas con lágrimas en los ojos me liberó de cuentas pendientes.
El segundo, Exo. Sí, el concierto de "mis chinos" ha sido, sin dudarlo, uno de los mejores conciertos a los que he ido. En la Arena había muchas personas importantes para mi cumpliendo su sueño al mismo tiempo de que yo cumplía el mio y tan solo pensarlo, me hizo disfrutar el espectáculo diez veces más. El kpop ha traido a mi vida experiencias y personas geniales, con ellas, mucha felicidad.
Ah, sigo extrañando a One Direction, por si estaban con el pendiente. 

Ha sido realmente un año fabuloso, con todo y todo, me siento plena y agradecida por cada día que tuve la oportunidad de llenar con memorias, sentimientos, emociones, sensaciones, sabores, canciones, sueños, deseos y metas.

Gracias Gaby por ser y estar, así, en infinitivo.
Gracias Cifu, por ser la mejor siempre, por hacerme más grande y más fuerte, por quererme completa, por compartir tu vida conmigo y darme un lugar tan importante en ella. Por cuidar de mi. Porque siendo el universo, eres mi hogar.
Gracias Kari por ofrecerme incondicionalmente tu amistad y todo lo que ella implica. Por seguir mis locuras e inventarte otras tantas. Lucky to have you.
Gracias Samuel por enseñarme tu propio significado de amistad con acciones. Por las llamadas. Por el amor. Por la confianza. Por no dejarme sola nunca. Por hacerme sentir hermosa en todos los sentidos, lo eres tú también. 
Gracias Beka, porque te quiero a la distancia y de lejos siempre te siento muy cerca. Soy lo que soy porque estás aquí y no te has ido. 
Gracias Zac, porque en tu mano me siento querida y a salvo. Por dejarme caminar a tu lado. Por estar justo cuando lo necesito. Por hacer mis días bonitos porque existes.
Gracias Gab y Mon, por quererme en tan poquito tiempo, por confiar en mi, por enseñarme que la vida puede ser difícil y divertida de diferentes maneras.
Gracias Adiel, por no ser coincidencia. Por ser, sin querer, inspiración.
Gracias Nash y Fer, son demasiado especiales en mi vida, son motivación, son amor, son refugio y antídoto. Las quiero inmensamente. 
Gracias papá Hugo, por el amor sin condiciones, por tu dedicación, por cuidar de mi y mis hermanos y hacernos personas mejores. 
Gracias Santi, Daira y Laila, los amo con toda mi alma, son mi razón y fortaleza.
Gracias Irma, tus palabras siempre son precisas, te adoro.
Gracias Daniel, por demostrarme que estábamos destinados a conocernos y que la distancia no es pretexto. Porque no necesitamos vernos para conocernos mejor que muchos.
Gracias a ti que estás en mi vida, vivo convencida de que estas en ella con algún propósito y que me harás mejor persona. 
Gracias a ti que ya no estas a mi lado, me dejaste aprendizaje y estoy segura de que te fuiste porque ya no tenías más que hacer aquí. 

Viví un buen año, me despido de el con una sonrisa en el rostro y muy agradecida, voy a disfrutar todo lo que traiga el siguiente, cuidaré de mi, me esforzaré en que valga la pena e intentaré todos los días dejar algo positivo en las personas que me rodean. 

Que vengan más sonrisas, mas lágrimas, más diversión, más de todo lo que te haga sentir vivx, disfruta y vive sin arrepentimientos, no te quedes con ganas de nada, atrévete a soñar en grande, es gratis.

¡Feliz año nuevo, feliz vida!

25 de noviembre de 2017

Inesperado

No te esperaba. Llegaste en silencio y con una sonrisa cálida en un día peculiar. Estabas ahí luciendo muy guapo -como todos los días- y me decías palabras amables con ojos curiosos mientras yo trataba de recordar tu nombre. Al final no lo hice y tuviste que decírmelo. Ese día nos despedimos y yo no imaginaba que después sonreiría al recordarte. Debí tomar como advertencia que fueras tú el que se atravesara en mi camino y me mandara con cuidado a casa.

Sin bien conocerte te comencé a extrañar. Tenía curiosidad y quería volver a verte.

El destino, que sabe cómo, cuándo y por qué hace las cosas, nos puso de frente tras unas pantallas, y entre mensajes, chistes y carcajadas sin vergüenza, entraste a mi mente y dejé que te quedaras. Y así, en mis cinco sentidos permití que sucediera, me di permiso de emocionarme, de volver a sonrojarme. Sentía miedo, emoción y locura, no sabía si valía la pena pero tampoco tenía nada que perder.
Te vi de frente una vez más y después todos los días, tuve un buen presentimiento y desde ese momento no quise dejar de escucharte,así que te he permitido decir todo y con cada palabra construyes, sin darte cuenta, un puente que me deja estar un poquito más cerca. Te he escuchado proclamándote todo poderoso para después confesarte humano y me parece maravilloso, que seas tan grande y a la vez tan frágil, que no seas lo que estaba convencida que quería para mi y aun así esté segura de que te quiero a mi lado.

Y es que si me preguntas qué me gusta de ti probablemente responda que todo, el color de tu piel y tus ojos que combinan con ella, tus pestañas y tu sonrisa, tu altura, el olor de tu loción, tu camisa de estrellas. Me gustan tus sueños y las ganas que tienes de alcanzarlos, me gusta tu esfuerzo, tu dedicación, el respeto que le tienes a tu trabajo. Me gusta que no te rindes y que no estas dispuesto a volver a dejar algo a la mitad. Me gusta que tienes miedos y que todos los días luchas en su contra porque inconscientemente sabes que eres más fuerte que ellos, aunque a veces te cuesta creerlo.
Me gustan tus ganas de aprender, de superarte, de ser más grande y de  mejorar porque te sabes imperfecto aunque hagas bromas alardeando lo contrario. Me gusta que seas honesto, sincero, directo, que no le des vueltas a las cosas; que seas una cajita de sorpresas. Me gusta que seas sencillo, que te preocupes por los tuyos; que seas divertido, que tengas un chiste para todo pero que cuando se debe ser serio también sepas cómo hacerlo. Me gusta que tengas historia, que seas un pequeño caos y que no seas fácil de entender. Me gusta que siempre tengas un abrazo para mi. Me gusta que beses mi mejilla. Me gusta que me mires a los ojos y me digas que puedo confiar en ti porque te creo. Me gusta que me hagas sentir segura. Me gustas. 

Y fuiste y sigues siendo inesperado y no pretendo que te quedes, aunque de verdad me gustaría. Porque he aprendido que somos efímeros y que no siempre van a quererte como quieres que te quieran, y que no importan los poemas o las canciones que dediques no está en ti que a quién ofreces tus sentimientos los acepte. Entonces sería fácil que te dijera que olvides lo que ya he escrito y pretendas que no pasó. No es mi intención. Porque también he aprendido que no hay que dejar morir los sentimientos antes de sentirlos, que hay que aprender a abrazar lo que sentimos y estar orgullosos de ello si no hace daño a nadie. Aprendí a sentirme valiente cuando digo que te quiero en voz alta, cuando te abrazo, cuando me detengo a mirarte detalladamente y mi corazón se hace chiquito y se siente feliz de estar ahí justo en ese momento, contigo. 

Ojalá sintiéramos lo mismo y tuvieras las mismas ganas que tengo yo de entrelazar tus dedos con los míos, porque por mi parte he cedido, y aunque sé que tus palabras riman con peligro, todavía aceptaría.

Pero no te sientas mal si no me correspondes, porque independientemente de eso, disfruto quererte.