19 de agosto de 2017

Al horno.

Por diversas situaciones (digámosle así a mis problemas de inseguridad, a mi inestabilidad económica y a mis miedos) a lo largo del tiempo nunca me he permitido soñar demasiado, eso no quiere decir que no haya estado viviendo una buena vida hasta ahora porque afortunadamente lo he hecho, a lo que me refiero es a que jamás me atreví a decir que me merecía algo más, estaba nadando en mi zona de confort porque no creía que fuera capaz de salir de ella nunca y porque no quería incomodar al resto que nadaba a mi alrededor intentando salir de ahí, así que solamente permanecí flotando. Pero hace no mucho tiempo una persona muy importante para mí me dijo que, por mi propio bien, tenía que aprender a soñar más grande, que debía, de vez en vez, despegar los pies de la tierra y atreverme aún cuando tuviera miedo, me dijo que me merecía estar en donde fuera feliz aunque implicara sacrificio.

Recorrí un largo camino para decidir la licenciatura que estudiaría. Una opción era cursar comunicación o quizá la haría de diseñadora gráfica, pero después de evaluar mis posibilidades y según los exámenes vocacionales estaba lista para convertirme en una trabajadora social, hasta que hable de ello con mi familia y al parecer mi destino indicaba pedagogía, pero si me lo proponía también podría ser una excelente psicóloga.
El asunto era que le había preguntado a todo mundo menos a mi misma qué era lo que quería a hacer y qué metas tenía, algo estaba mal y era que estaba tomando en cuenta la opinión de todos excepto la mía. Así que, como suelo hacerlo me senté a hablar con mis tres personas favoritas para poder escucharme a mi misma, cuando descubrí lo que quería sentí culpa, sentí vergüenza, mucho miedo y lloré un montón, pero además de todo eso también me sentía decidida, era el momento de dejar de flotar.

Gastronomía.

La respuesta quizá estuvo ahí desde que tenía 12 y le dije a mi maestra de sexto de primaría que cuando fuera grande la invitaría a comer a mi restaurante y ella no tendría que pagar nada, estuvo ahí desde que me levantaba muy temprano para cruzar la ciudad y ayudarle a mi prima a servir en sus eventos, desde que hacía galletas con mis tías para la navidad, desde que iba a convenciones y tomaba cursos. La respuesta quizá estuvo ahí todo el tiempo y esperó pacientemente a que fuera un poquito más valiente.

Hoy escribo porque me siento orgullosa de mi misma porque mi decisión significa mucho y de muchas maneras, porque mi corazón se siente pequeñito de la emoción y baila cuando recuerda lo que está a punto de iniciar, mis letras están llenas de sentimientos encontrados porque sé que no va a ser nada fácil y que tendré que trabajar muy duro, pero también porque sé que el camino estará lleno de oportunidades bonitas y que no lo caminaré sola porque hay personas que confían en mi y que están felices, más que por mi decisión, por lo mucho que ésta me hace feliz.

Estoy segura de que sea cual sea el resultado de esto, esta Karla insegura y llena de miedos parada justo al inicio del camino se sentirá plena y orgullosa hasta el final por haber sido capaz de atreverse.

Mexipan, 2010.



2 de mayo de 2017

Ser valiente

Lanzarte al agua, apagar la luz, caminar un pasillo, probar un nuevo sabor, hablar en público, ser tu mismo, ser valiente.

Ser valiente implica muchas cosas y se manifiesta de diferentes maneras, ninguna es fácil, de hecho suele ser bastante complicado, generalmente duele, a veces incluso resulta que lastimas a algunos a tu alrededor, no se tiene contento a todos nunca y como yo no estoy acostumbrada a pensar en mí antes que el resto, lo hace más difícil. 

Con el tiempo conseguí personas que me ayudaron a cargar el miedo, las dudas y luego las despejaron una a una, me di cuenta que sí, es difícil, pero no imposible. Ser valiente no se trata de decir que no le temes a nada, se trata de tener miedo, aceptarlo, enfrentarlo y superarlo.
Funciona igual con todo lo que sentimos, cuando reconocemos nuestros sentimientos y los aceptamos nos hacemos un poquito más fuertes y valientes cada vez. 

El primer paso siempre es el más complicado. Cuando hablé seriamente conmigo y me puse todas las cartas sobre la mesa, estaba nerviosa sobre lo que iba a encontrar en ellas, pero me sentí sorprendentemente liberada cuando lo hice. No era nada más que yo misma, pero más clara, más grande, más segura, más yo. 
No entendía bien lo que pasaba pero estaba segura de que no había nada que temer, me di un gran abrazo y lloré a rienda suelta un montón de horas, de días, en diferentes hombros, y recibí los ánimos de las que estoy segura son las personas correctas. Esa era yo después de mucho tiempo siendo valiente una vez más.

Después me dí cuenta de que las cosas iban a ser doblemente más dolorosas cuando volteé al mundo y me vi rodeada de noticias sobre violencia, discriminación, rechazo, burla, preguntas, chistes, insultos, acoso, riesgo. Me asuste más cuando descubrí que todo eso lo tenía más cerca de lo que creía, no entendía por qué debía dar explicaciones cuando yo ya lo tenía perfectamente claro ¿no es algo que solamente debería importarme a mí? ¿Por qué las personas sentían lástima cuando se los decía? ¿Por qué ser crueles? ¿Qué había de malo en ello, en mí? ¿Por qué después de tantos años tenía que dudar si iban a seguir queriéndome o tratándome igual? Y volví a llorar, no por mí, si no por ellos. 
Sentí tristeza porque recordé toda la lucha que tuve yo para entenderme y llegué a la conclusión de que no todos lucharían por si quiera respetarme. Sentí tristeza porque hablarían con ignorancia, porque muchos pensarían que lo que necesito son palabras de consuelo como si fuera una tragedia. Me sentí triste porque llorarían y se cuestionarían a si mismos si algo habían hecho mal, porque otros esperarían a que "se me pasara mi fase", esperarían a que les dijera dos años después que "siempre no". Sentí tristeza porque no lo entenderían, y tendría que luchar en el lugar en el que se supone que debería sentirme segura. 
Y estoy en lucha.
Y no estoy sola. 

He visto a muchas personas importantes para mi hacer su propia lucha, la de todos diferente, con distintos enemigos, con distintas armas, los he visto caer devastados y levantarse para seguir peleando, para seguir siendo valientes.
Aman lo que son, aman a más personas y lo demuestran, irónicamente actos sencillos y cotidianos se han convertido en símbolos de triunfo, tomarse de las manos, darse un beso, un abrazo, maquillarse, no hacerlo, usar tal o cual prenda, llamarse de una u otra forma, todas son batallas ganadas dentro de la guerra. ¿Cómo no intentarlo cuando alrededor hay tanta esperanza?

No se vale que unos vivamos con el miedo a ser lastimados, de cualquier manera, por ser simplemente lo que somos, nosotros mismos. Ya no quiero temer por mi mejor amigx, por mi primx, por mi compañerx de clases, por la gente de otros países que es reprimida y herida abiertamente, por lxs que tienen fe y no se les permite acercarse a su religión porque "dios así no lo quiso", ya no quiero tener que preocuparme por los gritos en las calles, por las risas en la mesa de la casa.
Basta de que duela, basta de esconderse, basta de mentir por seguridad, basta de etiquetas que tienen que existir para que el resto "entienda" quiénes somos, basta de apodos, de palabras hirientes, de lágrimas, de rechazo, de desprecio, basta. Basta.
Estamos aquí y nos merecemos lo mismo que cualquier otro, 
              s o m o s  s e r e s  h u m a n o s 
  
Esta soy yo y desde ahora trataré de ser más valiente cada vez.

La belleza radica en la diversidad y en ella misma radicamos todos. 

13 de abril de 2017

Promesas

Me hice muchas promesas, todas ellas en voz alta, para que si yo no lo hacía, alguien más me escuchara.

Le grité al sol que era la última vez que lo llamaba por tu nombre, le dije a las estrellas que no más vería en ellas tus ojos.

Viéndome al espejo me convencí de que los colores no llevaban tus letras, que las canciones no hablaban de ti, que los poemas Benedetti no te los había dedicado a mi nombre.

Me prometí avanzar a paso aunque fuera lento, pero ¿estoy acaso marchando en el mismo lugar? Porque el panorama es igual que antes pero mucho más oscuro.

Prometí no extrañarte porque pensé que no te habías ido cuando estabas ya muy lejos.

Le dije a las fotos que ya no dolerían, a las cartas que no serían de nuevo leídas y  a las platicas que se quedarían en el recuerdo, y ellas obedecieron, yo soy la que vuelve y las busca.

Hoy, desleal a mi palabra, rompo otra de ellas mientras te escribo de nuevo con la esperanza de que me leas o que me ignores, lo que suceda primero pero que hagas algo.

Me hice mil promesas, todas ellas en voz alta y entre ellas te hice unas cuantas a tí,  para que si yo no lo hacia, fueras tú el que me escuchara.
Pero te prometo, con esta frágil, inexperta, loca, sensible palabra, te prometo que si no puedo cumplirlo, no lo vuelvo a prometer.

1 de abril de 2017

Onírico

Me soñé extraviada, corriendo sin sentido buscando algo, o alguien, buscándome quizá. Sentía desesperación por que no me hallaba y ya había recorrido varias veces el mismo lugar.
Justo cuando estaba por rendirme y volver a donde sea que había iniciado, apareciste, y descubrí entonces que a quién buscaba era a ti, no a mi. 
Todo entonces fue calma, me sentí aliviada al mirarte y escucharte diciendo mi nombre, con esa voz tan tuya desvergonzada, ronca, contundente.

Te encontré y descifré en tu abrazo que me estabas esperando ¿me estabas buscando también o tenías la certeza de que llegaría en algún momento?
Comenzamos a caminar cerca, sin tocarnos, dijiste que tenías algo para mi y me tendiste un regalo. Acertaste en el color del moño y no escribiste una tarjeta, pues sabías que yo sabría que venía de ti solo con mirarlo. 
Esa tarde, ahí sentados, reímos como solemos hacerlo mientras hablamos de temas para nada cotidianos. Me contaste un secreto, te limpié una lagrima, acomodaste mis cabellos. 
Me regalaste un dulce, no lo acepté y para volverme loca se lo diste a alguien más. 
Me miraste a los ojos, sonreíste y me guiñaste un ojo. Sin vergüenza, ¿me querías matar?

Esa tarde, ahí sentados, me leíste un poema, tomaste mi mano y me besaste en los labios.

Esa tardé duró unos minutos.
Esa tarde fue hoy y te estaba soñando.

Creo firmemente en que los sueños son susurros del alma, secretos del corazón contados en voz baja. Son deseos, anhelos. Son puros, reales, sinceros. 

Hoy mi sueño fuiste tú.




27 de febrero de 2017

Antídoto

Hablemos de estas personas que paran la sangre cuando te cortas, de estos personajes que sanan heridas con sonrisas, con miradas, con palabras, con aliento.
Llamémosles antídoto.

Digamos que su abrazo es alivio, su silencio otra forma de decir "aquí estoy" y que sus manos nunca son demasiado frías o demasiado ardientes, su caricia es exacta, justa.

Hagamos referencia a su sincero discurso, tan lleno de verdades y fatalista si es necesario, discurso dado a la tal hora con tantos minutos justo cuando te estás derrumbando, cuando ya te derrumbaste, cuando no sabes cómo levantarte, cuando dudas poder hacerlo, cuando no puedes hacerlo.

Gritemos sus nombres y demos las gracias por ser la definición de cariño incondicional, porque no importa de qué forma vengan, siempre están.

Hablemos del antídoto como cura del dolor, como respuesta a la duda, como calma al huracán.
Digamos del antídoto que todo sana en su presencia y que con su mucha paciencia se van las ganas de llorar.

Llamémosles antídoto, porque no es cualquier amigo, va mucho más allá.

31 de diciembre de 2016

Al fin el fin, 2016

Siempre he creído que es bueno mirar atrás para saber lo que fui y entonces darme una idea de lo mucho que he cambiado hasta el momento en el que me encuentro  y cómo enfrentaré las situaciones por venir o a mi yo futura.

Ha sido un año lleno de lecciones importantes, me redescubrí como persona y es de los pasos más grandes que he dado hasta ahora. Hoy me quiero más que ayer, me respeto, me doy un lugar y sé que importo, no ha sido fácil, pero cuando terminé por reconocerme como persona única e irreemplazable me sentí libre, me sentí yo misma. 

Aprendí que el amor no tiene molde, que se dice "te amo" de más de cien formas distintas y  que viene implícito en una mirada, al tomarse las manos, en un chiste privado, en compartir la comida, en cantar la misma canción, en recordar, en prometer, en las prioridades, en la espera, en la confianza y en el tiempo dado. Aprendí que el primer beso es aquel que das con el corazón en los labios, mientras sonríes y cierras los ojos; que las oportunidades se presentan regularmente una sola vez en tu vida y que debes decir sí aunque te mueras de miedo, aunque no estés segura. Entendí que el amor te lo dan muchas personas, cada uno a su manera y muchas veces sin medida, que no se puede obligar a nadie a quererte, que está bien que no lo hagan y que está bien también que no quieras querer. 

Entendí que la amistad no tiene definición más bien nombre y apellido, que no es amigo aquel que llega primero sino el que llega y no se va; un amigo es el que conoce tus defectos, tus errores, tus miedos, tus fracasos, tus verdades y aun así decide tomar el paquete completo y amarlo, protegerlo, porque la amistad no va de mitades sino de enteros. Aprendí que nunca está mal darlo todo por alguien, que vale la pena, siempre vale la pena, que los regalos no traen envoltura y las cartas se escriben por tiempos, que el hogar pueden ser unos brazos y la tranquilad una voz, la felicidad un momento. 

Este año me encontré y al fin sé quién soy al menos en este momento, me reconozco y me siento orgullosa de mí. Soy una persona entera, sé que soy valiente, fuerte y con ganas de seguir luchando. Me dije a mí misma que está bien amar a quién quiera amarse y me permití hacerlo, soy mucho más libre que antes y me quiero tal y como soy. Me dijeron que este año había cambiado mucho y no del todo para bien... ¡Al diablo! me siento realizada, por primera vez en mucho tiempo siento que puedo, tengo miedo de intentar pero no por eso voy a dejar de hacerlo, y si los cambios "malos" es que refleje con mi voz y acto lo mucho que he crecido, entonces sí, estoy de lo peor y no me arrepiento de nada. 

También solté. Solté personas, emociones, lugares, momentos, recuerdos, me libre de rencores, remordimientos y culpas, pero mientras estuvieron ahí los viví y es que uno siempre debe estar orgulloso de sus sentimientos, tocarlos, conocerlos y afrontarlos, es lo que nos forma y nos hace después mejor o peor persona.

Este año dolió y mucho. Perdí personas importantes, una por un momento y la otra para siempre. Conocí las pequeñas eternidades y lloré muchas de mis lágrimas más dolorosas. Conocí el lado duro de querer elevado a la mil y el de querer desde siempre. Me tropecé con mis mismos pies, me empujaron y tiraron varias veces pero todo eso me enseñó a cómo levantarme y a darme cuenta de que tenía varias manos extendidas para ayudarme a hacerlo, vaya, descubrí que no estoy sola y que hay gente a las que le preocupo y está dispuesta a mucho por mí.

Conocí muchas cosas y personas nuevas que me permiten ver ahora el mundo con otros ojos. 

Al fin me decidí a hacer feliz con lo que quiero, con lo que me gusta y con lo que soy, estoy dispuesta a dar mi mejor batalla por conseguir cada una de mis metas. Por fin reconozco a mis aliados y me encanta contarlos y que me sobren dedos en las manos, estoy rodeada de las personas correctas, esas que llegaron y no pretenden irse porque afortunadamente también me quieren en sus vidas.

Descubrí que la felicidad está en forma de tu canción favorita y cantarla con alguien, en la comida que más disfrutas y en compartirla, en una foto, en una serie, una película, en una taza de café, en bailar cuando, donde y como quieras, en teñirse el cabello, en perforarse la oreja en una llamada tele fónica, en una visita, en dormir donde se descansa, en las letras, en un dibujo, en no peinarte, en maquillarte, en tus tenis favoritos, en un cumplido, en la lluvia, en la luna y en el sol, en un par de ojos, en un grito, en el silencio, la felicidad es no tener miedo y vivir exactamente como quieres hacerlo

El 2017 suena grande y prometedor, vienen muchos cambios académicos y personales, más responsabilidades y muchísimos sueños, me siento aterrada pero muy emocionada de lo que está por empezar.

Dejo este año llamándolo uno de los años más importantes de mi vida, y convencida de que a pesar de todo, siempre sale el sol.



17 de julio de 2016

Te extraño

Hoy vengo a decirte que te extraño. Así, a secas. 
Extraño la sensación de tus pequeños dedos entre los míos, extraño tu amor bizarro, danzante. Extraño nuestras risas a la una, nuestras preguntas a las dos y las canciones a las tres. Extraño las indirectas bien directas, soltadas al aire, dichas de frente. Extraño que me escribas, suspirar con tus comas y que el punto final me haga llorar. Extraño los roces discretos, las caricias en silencio, los abrazos que parecían en su momento eternos. 
Te extraño hablando de nuestro futuro, del trabajo, el dinero, la casa, el perro. Extraño verte usando el anillo que empezó siendo una linea de tinta hasta llegar a ser pequeñísimas piedras brillantes.
Extraño las cosquillas en el cuello, las mordidas en el hombro, en el brazo, extraño el único beso.
Te extraño recargando tu cabeza mientras compartíamos un par de audífonos escuchando cualquier cosa. Extraño los bailes a medio pasillo, las peleas, los gritos, sobre todo te extraño sonriendo, sonriéndome. 
Te extraño haciendo planes para salir juntas, te extraño de mi brazo en la fila, extraño dividir la cuenta en dos para revolvernos con el cambio.
Extraño tu manera espontánea de decir que era bonita,extraño tu mirada intensa con la que tanto me dabas. Extraño sostener tu mano y decir tonterías, pedir disculpas por lo que pasaba y que nadie lo notara.
Extraño todo eso y muchas cosas más, te extraño a ti, lo que era yo contigo y lo que eramos las dos.
Te extraño y eso que te tengo, de alguna manera te tengo. 
Pero te extraño y quería que lo supieras por si tú algo extrañas también.