31 de diciembre de 2017

Gracias por tanto 2017

Todos los años desde hace un tiempo me encuentro en estas épocas frente a la computadora recordando, entre nostalgia, alegría y una que otra lágrima, todo lo acontecido los 365 días anteriores; cada año se siente distinto y aunque cada vez escribo que ha sido un año mejor que el anterior, creo que de verdad el 2017 marcó la diferencia. 

Este año salí de la preparatoria, terminé contenta y rodeada de personas a las que amo y admiró, una de las etapas más importantes -personal y academicamente- y divertidas de mi vida. Fue un recorrido de tres años en los que encontré a mis mejores amigos y el sentido de muchas partes de mi existencia, un camino lleno de todo que me hizo mejor persona, me realizó y me dejó anotar un objetivo más a la lista de los cumplidos.
Después de eso entré a la universidad. Estudiar gastronomía significa muchas cosas para mí, entre ellas un sueño hecho realidad, no me arrepiento en lo absoluto y aunque de repente se pone difícil estoy dando todo lo mejor de mi para seguir estudiando lo que verdaderamente amo y me apasiona. Una vez un amigo me dijo que existía un sentimiento especial al estudiar lo que te encanta y que no hay nada parecido ni tan magnifico como eso. Tenía razón. La sensación de estar en clase y querer saberlo todo y más porque verdaderamente te interesa es asombrosa, viene acompañada de desvelos que no pesan, de tarea que se disfruta, de cansancio que vale la pena, de frustraciones convertidas en motivación, de felicidad.
He conocido personas maravillosas llenas de talento y sueños en la universidad, me inspiran a ser mejor, a no rendirme, me motivan y hacen que los días sean un poquito mejor.
Cuando tengas un sueño, síguelo, no dejes que nadie -incluyéndote a ti mismx- te diga que no puedes o que es demasiado difícil, si para ti vale la pena, con eso es suficiente. 

El 2017 me permitió aceptarme completa y en todos los sentidos. Así, sin más. No fue nada fácil, pero al final creo que verdaderamente me lo merezco.
Hay muchas cosas importantes en el hecho de mirarme al espejo y sentir cosas positivas sobre la persona que encuentro en el reflejo, en no culparla, en perdonarle sus errores para aprender de ellos, en no lastimarla, en motivarla, en felicitarla, en quererla verdaderamente y con el corazón. Y es que me la había pasado toda mi vida buscando amor en todas partes y yo no me lo estaba dando. Este año me escuché, reconocí mis fortalezas y mis debilidades y eso me hizo poderosa sobre mi y para el mundo. Sí, hubo momentos verdaderamente obscuros, desesperantes, dolorosos, pero justo ahí estaban las personas que me aman para recordarme que podía hacerlo y que debía salir de ahí, porque valgo la pena.
Y así, paso a paso lo voy logrando, cada día amo mis caderas grandes, mi barriga, mis cachetes con todo y los granitos, mis uñas cortas, mi cabello necio, mis piernas chuecas, mi voz chillona, mis colmillos fuera de lugar, mi nariz de bola y todo eso que me forma a simple vista, porque pueden pensar lo que quieran, pero soy fabulosa. 

También aprendí a amar a mi corazón, hablé seriamente conmigo misma y me dije que no podía seguir permitiendo que cualquiera pasara y se aprovechara de él, no me lo merezco. Me dije también que debía permitirme amar a quien yo quisiera, que está bien enamorarse de la manera en que lo hago siempre y cuando recordara amarme a mi también. Me recordé que el amor tiene la forma que uno decide darle y que hay que ser muy valiente para amar, me advertí que no debía volver a arrepentirme y que debía luchar por lo que sentía.  

Este año fui por primera vez a la marcha del orgullo LGBTQ+ y solamente puedo decir que fue importante y majestuoso. Hay un antes y un después en mi persona después de ese día: aceptación, pues existo y soy lo que soy sin la validación de nadie, me quiero, me respeto y me siento orgullosa. 

Este año me divertí mucho, fui a muchos conciertos pero voy a rescatar dos de ellos. Primero, Ed Sheeran. Esperé por años ver a Ed en vivo, es realmente talentoso y su espectáculo es increíble, lleno de emociones intensas, poder verlo junto con el skuad lo hizo muchísimo mejor. Ed fue importante porque me ayudó a cerrar un ciclo importante en mi vida, había promesas en cada canción y cantarlas con lágrimas en los ojos me liberó de cuentas pendientes.
El segundo, Exo. Sí, el concierto de "mis chinos" ha sido, sin dudarlo, uno de los mejores conciertos a los que he ido. En la Arena había muchas personas importantes para mi cumpliendo su sueño al mismo tiempo de que yo cumplía el mio y tan solo pensarlo, me hizo disfrutar el espectáculo diez veces más. El kpop ha traido a mi vida experiencias y personas geniales, con ellas, mucha felicidad.
Ah, sigo extrañando a One Direction, por si estaban con el pendiente. 

Ha sido realmente un año fabuloso, con todo y todo, me siento plena y agradecida por cada día que tuve la oportunidad de llenar con memorias, sentimientos, emociones, sensaciones, sabores, canciones, sueños, deseos y metas.

Gracias Gaby por ser y estar, así, en infinitivo.
Gracias Cifu, por ser la mejor siempre, por hacerme más grande y más fuerte, por quererme completa, por compartir tu vida conmigo y darme un lugar tan importante en ella. Por cuidar de mi. Porque siendo el universo, eres mi hogar.
Gracias Kari por ofrecerme incondicionalmente tu amistad y todo lo que ella implica. Por seguir mis locuras e inventarte otras tantas. Lucky to have you.
Gracias Samuel por enseñarme tu propio significado de amistad con acciones. Por las llamadas. Por el amor. Por la confianza. Por no dejarme sola nunca. Por hacerme sentir hermosa en todos los sentidos, lo eres tú también. 
Gracias Beka, porque te quiero a la distancia y de lejos siempre te siento muy cerca. Soy lo que soy porque estás aquí y no te has ido. 
Gracias Zac, porque en tu mano me siento querida y a salvo. Por dejarme caminar a tu lado. Por estar justo cuando lo necesito. Por hacer mis días bonitos porque existes.
Gracias Gab y Mon, por quererme en tan poquito tiempo, por confiar en mi, por enseñarme que la vida puede ser difícil y divertida de diferentes maneras.
Gracias Adiel, por no ser coincidencia. Por ser, sin querer, inspiración.
Gracias Nash y Fer, son demasiado especiales en mi vida, son motivación, son amor, son refugio y antídoto. Las quiero inmensamente. 
Gracias papá Hugo, por el amor sin condiciones, por tu dedicación, por cuidar de mi y mis hermanos y hacernos personas mejores. 
Gracias Santi, Daira y Laila, los amo con toda mi alma, son mi razón y fortaleza.
Gracias Irma, tus palabras siempre son precisas, te adoro.
Gracias Daniel, por demostrarme que estábamos destinados a conocernos y que la distancia no es pretexto. Porque no necesitamos vernos para conocernos mejor que muchos.
Gracias a ti que estás en mi vida, vivo convencida de que estas en ella con algún propósito y que me harás mejor persona. 
Gracias a ti que ya no estas a mi lado, me dejaste aprendizaje y estoy segura de que te fuiste porque ya no tenías más que hacer aquí. 

Viví un buen año, me despido de el con una sonrisa en el rostro y muy agradecida, voy a disfrutar todo lo que traiga el siguiente, cuidaré de mi, me esforzaré en que valga la pena e intentaré todos los días dejar algo positivo en las personas que me rodean. 

Que vengan más sonrisas, mas lágrimas, más diversión, más de todo lo que te haga sentir vivx, disfruta y vive sin arrepentimientos, no te quedes con ganas de nada, atrévete a soñar en grande, es gratis.

¡Feliz año nuevo, feliz vida!

25 de noviembre de 2017

Inesperado

No te esperaba. Llegaste en silencio y con una sonrisa cálida en un día peculiar. Estabas ahí luciendo muy guapo -como todos los días- y me decías palabras amables con ojos curiosos mientras yo trataba de recordar tu nombre. Al final no lo hice y tuviste que decírmelo. Ese día nos despedimos y yo no imaginaba que después sonreiría al recordarte. Debí tomar como advertencia que fueras tú el que se atravesara en mi camino y me mandara con cuidado a casa.

Sin bien conocerte te comencé a extrañar. Tenía curiosidad y quería volver a verte.

El destino, que sabe cómo, cuándo y por qué hace las cosas, nos puso de frente tras unas pantallas, y entre mensajes, chistes y carcajadas sin vergüenza, entraste a mi mente y dejé que te quedaras. Y así, en mis cinco sentidos permití que sucediera, me di permiso de emocionarme, de volver a sonrojarme. Sentía miedo, emoción y locura, no sabía si valía la pena pero tampoco tenía nada que perder.
Te vi de frente una vez más y después todos los días, tuve un buen presentimiento y desde ese momento no quise dejar de escucharte,así que te he permitido decir todo y con cada palabra construyes, sin darte cuenta, un puente que me deja estar un poquito más cerca. Te he escuchado proclamándote todo poderoso para después confesarte humano y me parece maravilloso, que seas tan grande y a la vez tan frágil, que no seas lo que estaba convencida que quería para mi y aun así esté segura de que te quiero a mi lado.

Y es que si me preguntas qué me gusta de ti probablemente responda que todo, el color de tu piel y tus ojos que combinan con ella, tus pestañas y tu sonrisa, tu altura, el olor de tu loción, tu camisa de estrellas. Me gustan tus sueños y las ganas que tienes de alcanzarlos, me gusta tu esfuerzo, tu dedicación, el respeto que le tienes a tu trabajo. Me gusta que no te rindes y que no estas dispuesto a volver a dejar algo a la mitad. Me gusta que tienes miedos y que todos los días luchas en su contra porque inconscientemente sabes que eres más fuerte que ellos, aunque a veces te cuesta creerlo.
Me gustan tus ganas de aprender, de superarte, de ser más grande y de  mejorar porque te sabes imperfecto aunque hagas bromas alardeando lo contrario. Me gusta que seas honesto, sincero, directo, que no le des vueltas a las cosas; que seas una cajita de sorpresas. Me gusta que seas sencillo, que te preocupes por los tuyos; que seas divertido, que tengas un chiste para todo pero que cuando se debe ser serio también sepas cómo hacerlo. Me gusta que tengas historia, que seas un pequeño caos y que no seas fácil de entender. Me gusta que siempre tengas un abrazo para mi. Me gusta que beses mi mejilla. Me gusta que me mires a los ojos y me digas que puedo confiar en ti porque te creo. Me gusta que me hagas sentir segura. Me gustas. 

Y fuiste y sigues siendo inesperado y no pretendo que te quedes, aunque de verdad me gustaría. Porque he aprendido que somos efímeros y que no siempre van a quererte como quieres que te quieran, y que no importan los poemas o las canciones que dediques no está en ti que a quién ofreces tus sentimientos los acepte. Entonces sería fácil que te dijera que olvides lo que ya he escrito y pretendas que no pasó. No es mi intención. Porque también he aprendido que no hay que dejar morir los sentimientos antes de sentirlos, que hay que aprender a abrazar lo que sentimos y estar orgullosos de ello si no hace daño a nadie. Aprendí a sentirme valiente cuando digo que te quiero en voz alta, cuando te abrazo, cuando me detengo a mirarte detalladamente y mi corazón se hace chiquito y se siente feliz de estar ahí justo en ese momento, contigo. 

Ojalá sintiéramos lo mismo y tuvieras las mismas ganas que tengo yo de entrelazar tus dedos con los míos, porque por mi parte he cedido, y aunque sé que tus palabras riman con peligro, todavía aceptaría.

Pero no te sientas mal si no me correspondes, porque independientemente de eso, disfruto quererte.

19 de agosto de 2017

Al horno.

Por diversas situaciones (digámosle así a mis problemas de inseguridad, a mi inestabilidad económica y a mis miedos) a lo largo del tiempo nunca me he permitido soñar demasiado, eso no quiere decir que no haya estado viviendo una buena vida hasta ahora porque afortunadamente lo he hecho, a lo que me refiero es a que jamás me atreví a decir que me merecía algo más, estaba nadando en mi zona de confort porque no creía que fuera capaz de salir de ella nunca y porque no quería incomodar al resto que nadaba a mi alrededor intentando salir de ahí, así que solamente permanecí flotando. Pero hace no mucho tiempo una persona muy importante para mí me dijo que, por mi propio bien, tenía que aprender a soñar más grande, que debía, de vez en vez, despegar los pies de la tierra y atreverme aún cuando tuviera miedo, me dijo que me merecía estar en donde fuera feliz aunque implicara sacrificio.

Recorrí un largo camino para decidir la licenciatura que estudiaría. Una opción era cursar comunicación o quizá la haría de diseñadora gráfica, pero después de evaluar mis posibilidades y según los exámenes vocacionales estaba lista para convertirme en una trabajadora social, hasta que hable de ello con mi familia y al parecer mi destino indicaba pedagogía, pero si me lo proponía también podría ser una excelente psicóloga.
El asunto era que le había preguntado a todo mundo menos a mi misma qué era lo que quería a hacer y qué metas tenía, algo estaba mal y era que estaba tomando en cuenta la opinión de todos excepto la mía. Así que, como suelo hacerlo me senté a hablar con mis tres personas favoritas para poder escucharme a mi misma, cuando descubrí lo que quería sentí culpa, sentí vergüenza, mucho miedo y lloré un montón, pero además de todo eso también me sentía decidida, era el momento de dejar de flotar.

Gastronomía.

La respuesta quizá estuvo ahí desde que tenía 12 y le dije a mi maestra de sexto de primaría que cuando fuera grande la invitaría a comer a mi restaurante y ella no tendría que pagar nada, estuvo ahí desde que me levantaba muy temprano para cruzar la ciudad y ayudarle a mi prima a servir en sus eventos, desde que hacía galletas con mis tías para la navidad, desde que iba a convenciones y tomaba cursos. La respuesta quizá estuvo ahí todo el tiempo y esperó pacientemente a que fuera un poquito más valiente.

Hoy escribo porque me siento orgullosa de mi misma porque mi decisión significa mucho y de muchas maneras, porque mi corazón se siente pequeñito de la emoción y baila cuando recuerda lo que está a punto de iniciar, mis letras están llenas de sentimientos encontrados porque sé que no va a ser nada fácil y que tendré que trabajar muy duro, pero también porque sé que el camino estará lleno de oportunidades bonitas y que no lo caminaré sola porque hay personas que confían en mi y que están felices, más que por mi decisión, por lo mucho que ésta me hace feliz.

Estoy segura de que sea cual sea el resultado de esto, esta Karla insegura y llena de miedos parada justo al inicio del camino se sentirá plena y orgullosa hasta el final por haber sido capaz de atreverse.

Mexipan, 2010.



2 de mayo de 2017

Ser valiente

Lanzarte al agua, apagar la luz, caminar un pasillo, probar un nuevo sabor, hablar en público, ser tu mismo, ser valiente.

Ser valiente implica muchas cosas y se manifiesta de diferentes maneras, ninguna es fácil, de hecho suele ser bastante complicado, generalmente duele, a veces incluso resulta que lastimas a algunos a tu alrededor, no se tiene contento a todos nunca y como yo no estoy acostumbrada a pensar en mí antes que el resto, lo hace más difícil. 

Con el tiempo conseguí personas que me ayudaron a cargar el miedo, las dudas y luego las despejaron una a una, me di cuenta que sí, es difícil, pero no imposible. Ser valiente no se trata de decir que no le temes a nada, se trata de tener miedo, aceptarlo, enfrentarlo y superarlo.
Funciona igual con todo lo que sentimos, cuando reconocemos nuestros sentimientos y los aceptamos nos hacemos un poquito más fuertes y valientes cada vez. 

El primer paso siempre es el más complicado. Cuando hablé seriamente conmigo y me puse todas las cartas sobre la mesa, estaba nerviosa sobre lo que iba a encontrar en ellas, pero me sentí sorprendentemente liberada cuando lo hice. No era nada más que yo misma, pero más clara, más grande, más segura, más yo. 
No entendía bien lo que pasaba pero estaba segura de que no había nada que temer, me di un gran abrazo y lloré a rienda suelta un montón de horas, de días, en diferentes hombros, y recibí los ánimos de las que estoy segura son las personas correctas. Esa era yo después de mucho tiempo siendo valiente una vez más.

Después me dí cuenta de que las cosas iban a ser doblemente más dolorosas cuando volteé al mundo y me vi rodeada de noticias sobre violencia, discriminación, rechazo, burla, preguntas, chistes, insultos, acoso, riesgo. Me asuste más cuando descubrí que todo eso lo tenía más cerca de lo que creía, no entendía por qué debía dar explicaciones cuando yo ya lo tenía perfectamente claro ¿no es algo que solamente debería importarme a mí? ¿Por qué las personas sentían lástima cuando se los decía? ¿Por qué ser crueles? ¿Qué había de malo en ello, en mí? ¿Por qué después de tantos años tenía que dudar si iban a seguir queriéndome o tratándome igual? Y volví a llorar, no por mí, si no por ellos. 
Sentí tristeza porque recordé toda la lucha que tuve yo para entenderme y llegué a la conclusión de que no todos lucharían por si quiera respetarme. Sentí tristeza porque hablarían con ignorancia, porque muchos pensarían que lo que necesito son palabras de consuelo como si fuera una tragedia. Me sentí triste porque llorarían y se cuestionarían a si mismos si algo habían hecho mal, porque otros esperarían a que "se me pasara mi fase", esperarían a que les dijera dos años después que "siempre no". Sentí tristeza porque no lo entenderían, y tendría que luchar en el lugar en el que se supone que debería sentirme segura. 
Y estoy en lucha.
Y no estoy sola. 

He visto a muchas personas importantes para mi hacer su propia lucha, la de todos diferente, con distintos enemigos, con distintas armas, los he visto caer devastados y levantarse para seguir peleando, para seguir siendo valientes.
Aman lo que son, aman a más personas y lo demuestran, irónicamente actos sencillos y cotidianos se han convertido en símbolos de triunfo, tomarse de las manos, darse un beso, un abrazo, maquillarse, no hacerlo, usar tal o cual prenda, llamarse de una u otra forma, todas son batallas ganadas dentro de la guerra. ¿Cómo no intentarlo cuando alrededor hay tanta esperanza?

No se vale que unos vivamos con el miedo a ser lastimados, de cualquier manera, por ser simplemente lo que somos, nosotros mismos. Ya no quiero temer por mi mejor amigx, por mi primx, por mi compañerx de clases, por la gente de otros países que es reprimida y herida abiertamente, por lxs que tienen fe y no se les permite acercarse a su religión porque "dios así no lo quiso", ya no quiero tener que preocuparme por los gritos en las calles, por las risas en la mesa de la casa.
Basta de que duela, basta de esconderse, basta de mentir por seguridad, basta de etiquetas que tienen que existir para que el resto "entienda" quiénes somos, basta de apodos, de palabras hirientes, de lágrimas, de rechazo, de desprecio, basta. Basta.
Estamos aquí y nos merecemos lo mismo que cualquier otro, 
              s o m o s  s e r e s  h u m a n o s 
  
Esta soy yo y desde ahora trataré de ser más valiente cada vez.

La belleza radica en la diversidad y en ella misma radicamos todos. 

13 de abril de 2017

Promesas

Me hice muchas promesas, todas ellas en voz alta, para que si yo no lo hacía, alguien más me escuchara.

Le grité al sol que era la última vez que lo llamaba por tu nombre, le dije a las estrellas que no más vería en ellas tus ojos.

Viéndome al espejo me convencí de que los colores no llevaban tus letras, que las canciones no hablaban de ti, que los poemas Benedetti no te los había dedicado a mi nombre.

Me prometí avanzar a paso aunque fuera lento, pero ¿estoy acaso marchando en el mismo lugar? Porque el panorama es igual que antes pero mucho más oscuro.

Prometí no extrañarte porque pensé que no te habías ido cuando estabas ya muy lejos.

Le dije a las fotos que ya no dolerían, a las cartas que no serían de nuevo leídas y  a las platicas que se quedarían en el recuerdo, y ellas obedecieron, yo soy la que vuelve y las busca.

Hoy, desleal a mi palabra, rompo otra de ellas mientras te escribo de nuevo con la esperanza de que me leas o que me ignores, lo que suceda primero pero que hagas algo.

Me hice mil promesas, todas ellas en voz alta y entre ellas te hice unas cuantas a tí,  para que si yo no lo hacia, fueras tú el que me escuchara.
Pero te prometo, con esta frágil, inexperta, loca, sensible palabra, te prometo que si no puedo cumplirlo, no lo vuelvo a prometer.

1 de abril de 2017

Onírico

Me soñé extraviada, corriendo sin sentido buscando algo, o alguien, buscándome quizá. Sentía desesperación por que no me hallaba y ya había recorrido varias veces el mismo lugar.
Justo cuando estaba por rendirme y volver a donde sea que había iniciado, apareciste, y descubrí entonces que a quién buscaba era a ti, no a mi. 
Todo entonces fue calma, me sentí aliviada al mirarte y escucharte diciendo mi nombre, con esa voz tan tuya desvergonzada, ronca, contundente.

Te encontré y descifré en tu abrazo que me estabas esperando ¿me estabas buscando también o tenías la certeza de que llegaría en algún momento?
Comenzamos a caminar cerca, sin tocarnos, dijiste que tenías algo para mi y me tendiste un regalo. Acertaste en el color del moño y no escribiste una tarjeta, pues sabías que yo sabría que venía de ti solo con mirarlo. 
Esa tarde, ahí sentados, reímos como solemos hacerlo mientras hablamos de temas para nada cotidianos. Me contaste un secreto, te limpié una lagrima, acomodaste mis cabellos. 
Me regalaste un dulce, no lo acepté y para volverme loca se lo diste a alguien más. 
Me miraste a los ojos, sonreíste y me guiñaste un ojo. Sin vergüenza, ¿me querías matar?

Esa tarde, ahí sentados, me leíste un poema, tomaste mi mano y me besaste en los labios.

Esa tardé duró unos minutos.
Esa tarde fue hoy y te estaba soñando.

Creo firmemente en que los sueños son susurros del alma, secretos del corazón contados en voz baja. Son deseos, anhelos. Son puros, reales, sinceros. 

Hoy mi sueño fuiste tú.




27 de febrero de 2017

Antídoto

Hablemos de estas personas que paran la sangre cuando te cortas, de estos personajes que sanan heridas con sonrisas, con miradas, con palabras, con aliento.
Llamémosles antídoto.

Digamos que su abrazo es alivio, su silencio otra forma de decir "aquí estoy" y que sus manos nunca son demasiado frías o demasiado ardientes, su caricia es exacta, justa.

Hagamos referencia a su sincero discurso, tan lleno de verdades y fatalista si es necesario, discurso dado a la tal hora con tantos minutos justo cuando te estás derrumbando, cuando ya te derrumbaste, cuando no sabes cómo levantarte, cuando dudas poder hacerlo, cuando no puedes hacerlo.

Gritemos sus nombres y demos las gracias por ser la definición de cariño incondicional, porque no importa de qué forma vengan, siempre están.

Hablemos del antídoto como cura del dolor, como respuesta a la duda, como calma al huracán.
Digamos del antídoto que todo sana en su presencia y que con su mucha paciencia se van las ganas de llorar.

Llamémosles antídoto, porque no es cualquier amigo, va mucho más allá.