25 de noviembre de 2017

Inesperado

No te esperaba. Llegaste en silencio y con una sonrisa cálida en un día peculiar. Estabas ahí luciendo muy guapo -como todos los días- y me decías palabras amables con ojos curiosos mientras yo trataba de recordar tu nombre. Al final no lo hice y tuviste que decírmelo. Ese día nos despedimos y yo no imaginaba que después sonreiría al recordarte. Debí tomar como advertencia que fueras tú el que se atravesara en mi camino y me mandara con cuidado a casa.

Sin bien conocerte te comencé a extrañar. Tenía curiosidad y quería volver a verte.

El destino, que sabe cómo, cuándo y por qué hace las cosas, nos puso de frente tras unas pantallas, y entre mensajes, chistes y carcajadas sin vergüenza, entraste a mi mente y dejé que te quedaras. Y así, en mis cinco sentidos permití que sucediera, me di permiso de emocionarme, de volver a sonrojarme. Sentía miedo, emoción y locura, no sabía si valía la pena pero tampoco tenía nada que perder.
Te vi de frente una vez más y después todos los días, tuve un buen presentimiento y desde ese momento no quise dejar de escucharte,así que te he permitido decir todo y con cada palabra construyes, sin darte cuenta, un puente que me deja estar un poquito más cerca. Te he escuchado proclamándote todo poderoso para después confesarte humano y me parece maravilloso, que seas tan grande y a la vez tan frágil, que no seas lo que estaba convencida que quería para mi y aun así esté segura de que te quiero a mi lado.

Y es que si me preguntas qué me gusta de ti probablemente responda que todo, el color de tu piel y tus ojos que combinan con ella, tus pestañas y tu sonrisa, tu altura, el olor de tu loción, tu camisa de estrellas. Me gustan tus sueños y las ganas que tienes de alcanzarlos, me gusta tu esfuerzo, tu dedicación, el respeto que le tienes a tu trabajo. Me gusta que no te rindes y que no estas dispuesto a volver a dejar algo a la mitad. Me gusta que tienes miedos y que todos los días luchas en su contra porque inconscientemente sabes que eres más fuerte que ellos, aunque a veces te cuesta creerlo.
Me gustan tus ganas de aprender, de superarte, de ser más grande y de  mejorar porque te sabes imperfecto aunque hagas bromas alardeando lo contrario. Me gusta que seas honesto, sincero, directo, que no le des vueltas a las cosas; que seas una cajita de sorpresas. Me gusta que seas sencillo, que te preocupes por los tuyos; que seas divertido, que tengas un chiste para todo pero que cuando se debe ser serio también sepas cómo hacerlo. Me gusta que tengas historia, que seas un pequeño caos y que no seas fácil de entender. Me gusta que siempre tengas un abrazo para mi. Me gusta que beses mi mejilla. Me gusta que me mires a los ojos y me digas que puedo confiar en ti porque te creo. Me gusta que me hagas sentir segura. Me gustas. 

Y fuiste y sigues siendo inesperado y no pretendo que te quedes, aunque de verdad me gustaría. Porque he aprendido que somos efímeros y que no siempre van a quererte como quieres que te quieran, y que no importan los poemas o las canciones que dediques no está en ti que a quién ofreces tus sentimientos los acepte. Entonces sería fácil que te dijera que olvides lo que ya he escrito y pretendas que no pasó. No es mi intención. Porque también he aprendido que no hay que dejar morir los sentimientos antes de sentirlos, que hay que aprender a abrazar lo que sentimos y estar orgullosos de ello si no hace daño a nadie. Aprendí a sentirme valiente cuando digo que te quiero en voz alta, cuando te abrazo, cuando me detengo a mirarte detalladamente y mi corazón se hace chiquito y se siente feliz de estar ahí justo en ese momento, contigo. 

Ojalá sintiéramos lo mismo y tuvieras las mismas ganas que tengo yo de entrelazar tus dedos con los míos, porque por mi parte he cedido, y aunque sé que tus palabras riman con peligro, todavía aceptaría.

Pero no te sientas mal si no me correspondes, porque independientemente de eso, disfruto quererte.

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