4 de noviembre de 2018

Frío

Cuatro horas con cuarenta y tres minutos de la madrugada: los pies entumidos, las piernas no obedecen y el pulso es lento. Sollozos ahogados. 

Odio quedar paralizada, nunca sé cómo salir corriendo de lo que me está lastimando. Y no, no me hago la fuerte, es miedo. 

Es frío. 

Dos minutos, tres suspiros y cuatro movimientos bruscos después ya estoy hecha ovillo en la escalera. La piedra helada cala justo en los huesos y tiemblo pero no es de frío. Me siento enojada, desorientada y me duele el pecho, tardo unos segundos más en darme cuenta de que respiro muy fuerte, "Silencio" susurro para mis adentros. Me levantó y tomo los viejos audífonos, gracias al cielo los he traído. 
Abro la misma lista, busco las mismas tres canciones y subo el volumen: "Concéntrate", me suplico. 

Pero el dolor se siente y se ve de muchas maneras:
Es una patada en la espinilla.
Es que te atropellen quinientas veces seguidas. 
Es llorar ridículamente en las escaleras de una casa ajena. Sola. 
Es temblar y que no sea de frío. 
Es callar. 
Es no reclamar porque no hay nada que reclamar.
Es gritos silenciosos. 
Es temblar de miedo y no poder volver a casa.
Es sueño, mucho sueño. Bostezos entre lágrimas. 
Es sueño pero también pesadilla. 
Es un olor dulce mezclado con notas amargas. 
Temblar mucho. Quizá sí es frió. 
Es despeinarse.
Es un atracón después de tres semanas de no probar alimentos fuera de horario. 
Es sentir el alcohol en la garganta y no arrepentirse, pero querer hacerlo.
Querer hacerlo.
Es vació. Es hueco. 
Es desesperación.
Lágrimas aleatorias, son punzadas en la boca del estómago.

Es frío. 

Quiero un abrazo y llorar sobre un hombro. Quiero que la herida cierre, o como mínimo, que deje de arder, pero hay fuego en mi pecho y no hago más alimentarlo, las lágrimas son apenas briza sobre un forestal. 

Comienza a clarear, seis horas con doce minutos. Qué ironía, ha amanecido nublado, helado y lloviendo, el cielo también debe estar triste. "¿Te duele?" suelto al viento y me responde con escalofríos. 
Canta un ave, pero nadie le responde. 

Los pensamientos se enciman uno sobre otro en mi cabeza, todos quieren hablar al mismo tiempo pero logro hacer que lo hagan uno a la vez. Recuerdo cada parte, desde el inicio, que evidentemente no fue hoy. "No olvides ni un detalle, recuérdalo tal cuál fue" me obligo a  tener la realidad clara aun cuando he perdido la noción del tiempo. 
Las mentiras inundan, las promesas nadan para no ahogarse y la esperanza no sabe si lanzarse a por ellas aunque tampoco sabe nadar. 

Seis horas con treinta y ocho minutos, ya no tiemblo, mi respiración es constante y pausada, mi cabeza va a explotar. Me levanto, recojo cada uno de mis pedazos para pegarlos luego, y aunque los cuento con cuidado, casi estoy segura de que he perdido uno. 
Me levanto y mis piernas por fin responden, no he vuelto en mi, pero al menos camino. 
"Vas a estar bien" me lo digo para darme ánimos pero me lo exijo al mismo tiempo. "Sabes cómo volver, has estado aquí antes".

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